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Así pasa la gloria del mundo

Blog bilingüe sobre como se ve la actualidad desde Cataluña a ojos de un socialista, culé y otras cosas

La desleal oposición

O nos merecemos una derecha mejor

La actitud del Partido Popular en los últimos asuntos que han motivado la atención de la opinión pública pone de manifiesto su total desprecio por las reglas del juego democrático cuando, con la aritmética parlamentaria en la mano, ve que no puede ganar.

El Estatut de Catalunya y la LOE son dos claros y recientes ejemplos de esta pauta de actuación:
  • Además de expresar discrepancia con el texto (lo que sería legítimo) se intenta el descrédito mediante la mentira: tanto del Estatut como de la LOE se alega que dicen cosas que no dicen.
  • Se utiliza la sociedad civil como fuerza de choque: evidentemente, aquellas entidades que a ello se prestan. El legítimo derecho de estas entidades (y del propio PP) a manifestarse y a defender las posturas que crean convenientes no hace menos reprobable su manipulación por los populares. El PP es muy libre de convocar cuantas manifestaciones quiera (no les llamaré pancarteros, como ellos hicieron), pero no debería avergonzarse de ello.
  • Se niega la legitimidad del Parlamento: se pide que el Estatut de Catalunya no se admita a trámite, se pide que la LOE sea retirada, olvidando que, entre otras cosas, nuestros representantes están allí para debatir sobre los proyectos presentados y aprobarlos, o no. Con ello, se intenta menoscabar el papel fundamental que en cualquier democracia tiene el parlamento, como sede de discusión de las diferentes alternativas políticas, por el único motivo de que como no tienen mayoría, no podrán imponer su posición.

Lamentablemente, el rédito a corto plazo que dichas actuaciones parecen proporcionar al Partido Popular (contando con el inestimable apoyo a la hora de difundir la mentira de su coro mediático, otrora conocido como sindicato del crimen), me hace pensar que esta actitud va a permanecer en el futuro, pero creo que se equivocan.

Se equivocan porque el simple paso del tiempo se encargará de poner de manifiesto lo falaz de sus afirmaciones. El Estatut de Catalunya se aprobará con las modificaciones que sean pertinentes y todo el mundo podrá comprobar que no se rompe España, es más, que otras comunidades, incluso gobernadas por el PP, se sumarán a sus postulados. Se aprobará la LOE y se verá que no acaba con la enseñanza de la religión católica ni con los colegios concertados (de hecho, hay quien piensa que los trata demasiado bien). Y llegado este punto, sus mentiras y la ventaja que puedan sacar de ellas se desharán como las burbujas del cava.

Se equivocan porque ningún provecho político justifica enfrentar entre sí a ciudadanos y comunidades, intentando una artificial división entre buenos y malos, patriotas y traidores. Las heridas que estas actitudes causan, cuestan mucho de cicatrizar.

Y se equivocan, finalmente, porque la reciente historia de este país demuestra que para gobernar el PP necesita el voto de los ciudadanos centrados, no alimentar el odio histórico y visceral de la ultraderecha (total, su voto ya lo tienen, y no lo van a perder porque aquí, no sé si por suerte o por desgracia, no tenemos un Frente Nacional como en Francia que se los dispute).

Si hacemos memoria, recordaremos que una política de oposición como la actual, y con el mismo o más apoyo mediático (hasta José María García colaboraba desde su espacio deportivo) no les sirvió para ganar en 1993, pese a los errores que debo reconocer del gobierno socialista, los casos de corrupción (algunos ciertos, muchos inventados) y la negativa situación económica. Y aunque sí ganaron en 1996 con la misma táctica, no debemos olvidar que fue una victoria mucho más limitada de lo que todo el mundo daba por hecho, pese al deterioro del último período de gobierno de Felipe González.

¿Cuándo obtiene el PP una victoria clara, por mayoría absoluta? En el año 2000, después del período de moderación que se inicia en 1996. Cierto que esta moderación es obligada: el PP necesita apoyos para gobernar, y eso le hace pasar del Pujol enano habla castellano al Pujol guaperas habla lo que quieras, son los tiempos del hablar catalán en la intimidad, tiempos en los que incluso Arzallus era bueno como podeis ver en esto que escribí el mes pasado. Y no es que durante el período no hicieran muchas barbaridades, por ejemplo en su obsesión por controlar los medios de comunicación, y eliminar a los que no les eran afines. Quién no recuerda el tema de los decodificadores, o el de los partidos de fútbol de interés general, temas ambos ya olvidados. Pero ciertamente eran nimiedades comparados con las barbaridades que hicieron después, y en todo caso más lejanas al ciudadano de a pie.

Gracias a esta moderación, digo, consiguen la victoria por mayoría absoluta, y a partir de ahí muestran su verdadero rostro. Los vascos del PNV ya no son buenos (más bien son malos malísimos), los catalanes de CiU son ninguneados (pero tienen que seguir dando su apoyo, innecesario por otro lado, a cambio del que el PP les da en el Parlament de Catalunya), se aprueban proyectos que perjudican a unas comunidades en teórico beneficio de otras, como el Plan Hidrológico (que a quien de veras habría beneficiado habría sido a las constructoras de los amiguetes de Aznar, con Florentino a la cabeza) y se nos mete en una guerra ilegal, por citar algunos temas. Y la guinda, tras el más grave atentado perpetrado en este país, se nos intenta engañar (a nosotros y al mundo) sobre su autoría, para intentar sacar un rédito electoral.

Y así llegamos al día de hoy: el PP está en la oposición, sigue intentando justificar con rocambolescas historias propias de una novela de Tom Clancy su derrota, y no hay ningún partido, ni derechas ni de centro, ni nacionalista ni regionalista que quiera pactar con ellos en el Parlamento español. Y en lugar de plantearse seriamente por qué pasa eso, y tender puentes con las que hasta no hace mucho fueron sus socios, lo que pretenden es cambiar la ley para que solo pueda gobernar la lista más votada.

Desde un punto de vista partidista, y aparte de los cabreos que le cogen a uno cuando lee o escucha ciertas cosas, el mantenimiento por parte del PP de esta política, y de los encargados de llevarla a cabo, encabezados por Acebes y Zaplana, con el apoyo allende nuestras fronteras del presidente de honor, es la mayor garantía de que tardarán tiempo en volver al poder, y de eso no voy a ser yo quien se lamente.

Pero creo que este país se merece una derecha mejor, y quiero pensar que, igual que en otros países de nuestro entorno, es posible ser de derechas sin intentar la aniquilación (política) del contrario, y respetando las reglas del juego, tanto cuando se gobierna, como cuando se está en la oposición.

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